La Iglesia de Dios México es un movimiento global de personas buscando cumplir la misión de Dios en el mundo.  Estamos comprometidos en estudiar la Palabra de Dios y fielmente vivirla.  Estamos comprometidos con la misión que Jesucristo dio a todo creyente: hacer discípulos en todas las naciones (Mateo 28:18-20).

El movimiento de la Iglesia de Dios apareció en la década de 1880 en medio del más amplio Avivamiento de la Santidad Estadounidense.  Los pioneros de la Iglesia de Dios esperaban restaurar una comprensión y práctica más bíblica de lo que significa ser la iglesia.  Una de nuestras primeras canciones dice: “la Biblia es nuestra regla de fe y solo Cristo es el Señor”.  Esta letra todavía resume nuestra creencia central de la Iglesia de Dios.  No hemos emitido una declaración oficial de creencias.  Sin embargo, las siguientes declaraciones reflejan el corazón de la Iglesia de Dios:

La singularidad, la exclusividad, la divinidad de nuestro Señor Jesús es central a quienes somos. Él es el pan de vida. El agua de vida. El Cordero de Dios. El camino, la Verdad y la Vida. El único mediador entre Dios y los hombres. El Señor de señores, el Rey de reyes. El Hijo del Hombre. El Hijo de Dios. El Verbo hecho carne. El Nombre al que cada rodilla se doblara. Jesús es el sujeto (Hechos 2:36)

La Persona, la obra, y el poder del Espíritu Santo son fundamentales para ser quienes somos como persona. Somos conscientes de la verdad de que el Espíritu puede transformarnos, poseernos, equiparnos y capacitarnos.  Es la obra del Espíritu Santo que nos santifica, nos hace santos, nos aparta para el servicio sagrado y nos sella por la eternidad. Es el Espíritu quien nos convence de pecado y nos capacita para vencer el pecado. Es el Espíritu Santo el que puede darnos done sobrenaturales, por el amor de Jesús.  Él es el Consolador prometido por Jesús y el testigo de nuestra redención (Gálatas 5:22-23).

Amar a Dios con todo tu corazón.  Y ama a tu prójimo como a ti mismo.  La Biblia nos enseña que esta es la suma de la Ley de los Profetas.  Cuando un maestro de la ley buscó poner a prueba a Jesús (Lucas 10), preguntándole, “¿Que es lo que tengo que hacer para obtener la vida eterna?” Jesús le pregunta que fue lo que leyó en las escrituras.  Cuando el hombre respondió con el Gran Mandamiento, Jesús asintió diciendo, “Has respondido bien; haz esto y vivirás”.   Fue este intercambio el que dio origen a la parábola del Buen

Somos personas arraigadas a la Biblia-el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, inspirados de forma sobrenatural, preservados a través del tiempo, culturas, y continentes, entregados a nosotros, útiles para reprender e instruir con rectitud. La Escritura es nuestro respaldo, nuestro campo de investigación y sabiduría, nuestra medida de conducta, fe y práctica.  Cual quiera que sea la pregunta, cual quiera que sea la prueba, lo que venga ante nosotros, al final, es la Escritura, por encima de cualquier otra, que nos define.  Cualquier otra fuente de conocimiento cae baje su sombra (2 Timoteo 3:14-17)

Ir y haced discípulos es un privilegio divino y responsabilidad dada a cada uno de nosotros. Abrazamos el trabajo de evangelismo y discipulado en nuestra propia comunidad, al igual que enviamos misioneros internacionales y nacionales a lugares donde la Iglesia Local no alcanzamos (Mateo 28:19.20)

El gobierno y reino de Dios es una realidad que se debe de abrazar y experimentar hoy. Su reino no es de este mundo, y por lo tanto nunca será con políticas terrenales.  Como hijos de Dios, las riquezas espirituales del Rey de reyes son nuestras para reclamar y administrar mientras predicamos las buenas nuevas del reino al mundo (Lucas 17:20-21).

Es difícil para la mente humana comprenderlo completamente que, nuestro único Dios se expresa en tres personas- Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Cada persona de la trinidad sirve para un rol específico, el cual muestra la gloria de Dios y cumple sus propósitos en la tierra (Génesis 1:26; 2 Corintios 13:14)

La distribución de los dones del Espíritu Santo para la edificación del cuerpo de Cristo no está determinada por género. Dios ha depositado su Espíritu en todas las personas, y tanto sus hijos como hijas profetizaran- y enseñaran, pastorearan el rebaño.  En Cristo, en el reino de Dios, el cual una vez nos dividía- judíos, gentiles; esclavos, libres, hombres, mujeres- no hay más distinción.  Desde el inicio del movimiento de la Iglesia de Dios, hemos celebrado el liderazgo ministerial de mujeres clérigos sobresalientes y continuamos haciéndolo (Hechos 2:17; Gálatas 3:28).